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Motorola Moto X (2014) y su decepcionante actualización a Lollipop

La fragmentación es esa palabra que dentro del mundo Android es equivalente a expresiones como: “tarde de compras con la parienta”, o “el lunes empiezo con la dieta”. Pesadilla. Y no precisamente en la cocina. El caso es que los fabricantes se “esfuerzan” año tras año en intentar actualizar sus dispositivos a las versiones más recientes del sistema. Presionados por la prensa especializada y los foros donde los usuarios demandan más soporte, se ven obligados a trabajar a contrarreloj para traernos las últimas novedades. Es un tema delicado, en eso estamos de acuerdo. Sin embargo, una actualización no significa necesariamente una mejora en el rendimiento de nuestros teléfonos. Es más, muchas veces puede convertirse en un auténtico suplicio. Y para muestra un botón. Veamos el caso del Motorola Moto X (2014).

Se pueden hacer las cosas rápido, o se pueden hacer bien. Parece que juntar los dos adjetivos en una sola frase no entra en el vocabulario de los fabricantes. Por desgracia, cada vez son más habituales las noticias sobre los fallos que detectan los usuarios al instalar una nueva versión. ¿Quién no se acuerda del famoso caso de los Sony Xperia SP? Un terminal con unas buenas prestaciones y una buena relación calidad-precio que, tras actualizar a una nueva versión, prácticamente todos los usuarios sufrieron tremendos fallos de sistema, batería o cámara, lo que dejaba el SP como un bonito pisapapeles. O más recientemente la esperada actualización a Lollipop para los Samsung Galaxy S5, la cuál sufre grotescos errores como no poder poner el móvil en silencio. Sí, has leído bien, no se puede poner el móvil en silencio. Llamadme raro, pero del ABC de los temas importantes en una actualización, poner el teléfono en silencio debe ser la A. Podría estar todo el día enumerando casos parecidos, pero quiero detallaros uno en concreto que me ha llegado al alma: la actualización del Motorola Moto X (2014) a Android 5.0 Lollipop. 

Motorola lleva un tiempo haciendo las cosas bien. Realmente bien para ser exactos. Cuando estaba al borde de la quiebra, papá Google se hizo con el 51% de las acciones de la compañía americana. Al principio se especulaba con que la gran G sólo buscaba las patentes de Motorola, o aprovechar sus instalaciones para comenzar a fabricar sus propios dispositivos sin depender de ningún fabricante externo. Pero pronto vimos que Google tenía un plan de rescate. Gracias a Motorola nos dimos cuenta de que se pueden fabricar grandes terminales sin necesidad de cobrar por ellos precios desorbitados. El Motorola Moto G fue la muestra de ello. Un teléfono con características de gama alta a precio de gama media-baja. Su éxito fue rotundo. Una buena pantalla, un buen procesador, una versión prácticamente limpia del sistema Android y, sobre todo, un rendimiento a la altura de los más grandes fueron sus claves. Con estos precedentes, Motorola decidió aplicar esta misma fórmula para fabricar un terminal algo más premium, con mejores acabados y mejorando aquellos puntos flacos para los usuarios más exigentes. Y así nació el Motorola Moto X (2013). Sin embargo, se quedó en tierra de nadie. No llegaba a la altura de sus competidores y tampoco tenía un precio tan rompedor como el de su hermano pequeño, por lo que pasó desapercibido entre las decisiones de compra.

A finales de 2014, Motorola presentó la renovación de ambos terminales. El Moto X de segunda generación parecía haber aprendido la lección, y presentó unas características de infarto acompañadas de un diseño de pasarela. Los primeros análisis hablaban de un rendimiento superlativo. Parecía que todas las piezas encajaban a la perfección, y la versión de Android 4.4 que llevaba instalada funcionaba a las mil maravillas. Hace algo más de un mes, los usuarios de este Moto X recibieron la ansiada actualización a Lollipop. Uno de los primeros fabricantes en actualizar. Y cuál ha sido mi sorpresa al ver que esta nueva versión no trae precisamente buenas noticias. Después de un tiempo razonable probando todas las novedades puedo decir que Motorola se ha equivocado con esta actualización. Me he encontrado con numerosos fallos, algunos comprensibles y otros muy extraños.

RENDIMIENTO GENERAL

Pues sí, aquello de lo que podía presumir un usuario de un Motorola se ha ido al garete. Después de actualizar, el famoso “lag” se ha instalado en mi teléfono. Vamos que el Moto X va lento. Las transiciones se atascan, tardas una hora en abrir el box de aplicaciones, la pantalla se queda limpia de repente…Es como si llevara una mochila a la espalda llena de hormigón. He restablecido los valores de fábrica del aparato tres veces y no tengo demasiadas aplicaciones instaladas. Y aún así no hay manera de interactuar con él mas de un minuto seguido sin que sufra algún retraso.

BATERÍA

Por capacidad tampoco se podía esperar gran cosa. Recordemos que el Moto X tiene una batería Li-Ion de 2300 mAh. Algo escasa para mover un procesador potente y una pantalla de 5.2 pulgadas Full HD. Lo que no podía imaginarme es que tras instalar la actualización su rendimiento fuera aún peor. Nada escandaloso, pero sí notable. Es curioso el tema porque ya vimos en el Moto G que no es necesario tener una batería muy grande para que tenga un buen rendimiento. Debe haber un equilibrio entre el hardware y el software y, por desgracia, en este caso no se cumple.

APLICACIONES PROPIAS DE MOTOROLA

Todos conocemos a estas alturas la forma de mostrar las notificaciones en la pantalla de bloqueo que desarrolló Motorola. Si tienes el teléfono encima de la mesa y llega una notificación, en la pantalla aparece el icono de la aplicación que la está generando. Parpadea de forma intermitente para que puedas ver de qué se trata sin tener que desbloquear el teléfono. Una idea genial que tras esta fatídica actualización falla más de lo que nos gustaría. Cuando entra una llamada, el teléfono procede a informarte. Pero en vez de aparecer el contacto que llama y las opciones de responder o rechazar, empieza a parpadear como si de un mensaje se tratara. Es totalmente imposible contestar a no ser que pulses el botón de bloqueo/ desbloqueo (lo cual silencia la llamada), y vuelvas a pulsarlo de nuevo para que aparezca la pantalla normal de llamada. En fin, un incordio que ocurre en casi todas las llamadas.

Estoy seguro de que Motorola se ha dado cuenta de estos fallos y estará trabajando para solucionarlos. Por su bien y el nuestro, espero que decidan hacer las cosas bien, antes que hacerlas rápido. Espero que los fabricantes se den cuenta de que todos esos fallos afectan a personas. Personas que han pagado dinero, personas que tienen una vida y que necesitan usar su teléfono para comunicarse. Personas, como tú y como yo, que no entendemos como una compañía que genera ingresos por millones de euros anuales no sea capaz de darse cuenta de ésto antes de lanzar su actualización. Quizá, y sólo quizá, estén más pendientes de ganar la carrera de las actualizaciones que de pulir su producto en beneficio de los usuarios. Y pese a todo esto, voy a darle un voto de confianza a Motorola por su buen hacer en tiempos pasados. Espero que en la próxima actualización hayan aprendido la lección. Lo dicho, pesadilla, y no precisamente en la cocina. Como se entere Chicote…

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